Cerrar la puerta
Recuerdo aquella mañana en que te abrí mi corazón hasta límites donde poca gente pudo llegar, invirtiendo más tiempo del que tú necesitaste para abrir tantas puertas... creo sinceramente que ya no queda por abrir ninguna más de relevancia, no hay secretos, no hay barreras...
Acaba de aparecer el látigo de mis heridas de los últimos años, como siempre en silencio, de casualidad me percaté de su presencia. No espero palabras, no espero nada puesto que nada es lo que queda, de lo mucho que hubo... Algún día escribí que sería imposible dejar de estar colgada de aquel hilo, y probablemente la herida deje una marquita en la piel, que me recuerde los días en que parecía que no dejaría de sangrar... Probablemente, pero sonrío mientras miro su nombre, y no siento escalofríos, ni tiran de mi mis dedos para volver a probar suerte, ni necesito hablar. Abrí aquella puerta para ti, y me comprendiste como nadie lo había hecho antes. Examinaste la habitación, salimos de la mano y me ayudaste a cerrar definitivamente, con llave. Te he dado las gracias por muchas cosas, pero nunca sentí de tal forma que me has curado esta herida. Has derribado el mayor muro, me has quitado una gran losa. No hay palabras.. (una vez más...)
¿Te dije ya que te quiero?... te quiero...

