No hace falta
No creo que te haga falta. Sinceramente, porque lo primero, tras tu insistencia lo sabes casi todo, y segundo, porque escribir bajo presión no se me da bien.
Quizá corra un peligro de morir sepultada bajo tus preguntas, quizá tenga la posibilidad de perder lo último, pero te diré que aunque seas un pesado, el recoveco que ocupa la última posición de la lista nunca saldrá en tu pantalla.
Me encuentro líneas vacías, en blanco, esperando palabras bien trenzadas para decirte lo que ya sabes. Y se me tuerce el teclado, y se me juntan las manos, se me nubla la mente y nada sale como debe. Porque las palabras repetidas saben gastadas, porque las mismas frases se erosionan de tanto deslizarse negro sobre blanco. ¿Quieres saber lo que te aprecio? ¿Quieres saber quién eres? ¿Te gustaría conocer qué pienso de ti? ¿Para qué dar rodeos? Eres increíble, genial, un amigo, un compañero, buena persona, ese radical encubierto con cara y corazón de buen chico. Un pesado integral que se posa en el hombro y te susurra sus preguntas al oido, cada día y en cada ocasión.
Eres grande, eres mi amigo. ¿Es eso? Ahí lo tienes. Y nada más por hoy. Aunque no creía que hubiera hecho falta...



